EMIGRACIÓN -Kapitel 1-

Un libro en mano, una maleta en la otra. El futuro quién sabe. Con la incertidumbre entre la ropa y el miedo pasando por el detector de metales.

Una esencia veraniega que se nubló con la primera lluvia, con la primera nevada, con la primera llamada acabada con un “te echamos de menos”.

Una lucha de titanes constante; seguir utilizando la razón y seguir anestesiando el corazón.

Tantas bocas hablando…

Querer dejarlo todo y no querer. Fechas que parecen vigas atadas al cuello. Altibajos que se vuelven asfixiantes. Noches que abrazan, mañanas que sonríen. Vaivén de emociones. Ninguna dijo ni predijo la cantidad de batallas internas que traería.

Quizá porque nadie conoce esas batallas, excepto quien las vive.

Tampoco supieron advertirme de la otra cara del mundo. La que se vuelve en contra, la cara de la moneda que pasa de largo hasta que se siente en la piel. Ese mundo que da la espalda ante alguien que cruza fronteras, ante alguien que es capaz de dejar sus raíces a un lado para crecer. Pero eso no importa, esa parte del mundo sólo considera importante su mundo.

Sin errores, sin identidad, sin humanidad.

Sin embargo, hay flores que nacen de debajo de las piedras. Aún no tengo claro si soy más piedra que flor.

Renací.

Metamorfosis.

Pies de plomo con pasos de gigante. Sequías bajo los párpados hechos oasis. Frente al cañón sin voltear la cara, sin poner ninguna mejilla. Sólo el corazón a pulso.

Y la mitad de mi escalera con dirección obligatoria hacia arriba.

Continuará…

 

 

 

 

CON LOS PIES EN EL CIELO.

Podría escribir, describir tener los pies en el suelo, las rodillas mordidas por miles de baldosas al caer tras andar con la cabeza baja y la mente en las nubes.

Pero no.

No hablaré sobre lágrimas y sudor, sobre heridas abiertas por el camino, ni de durezas en los pies de tanto andar, ni del cemento que se acumuló bajo la piel. Tampoco mencionaré la cantidad de veces que estuve a punto de tirar la toalla, ni la cantidad de veces que decidí no hacerlo.

No hablaré del sacrificio. Hablaré del beneficio, de tener los pies en el cielo.

 

De ser la artemisa de tu propias creaciones mentales, de dar vida a lo que ronda por tu cabeza sin ni siquiera ser consciente hasta que lo tienes de frente.

Eso no es tocar el cielo, es caminar sobre él.

 

7.14

Qué electricidad, vaya conexión, la complicidad de alta tensión.

 

Lo primero que recuerdo es: “Háblale, lo más seguro es que ni te conteste, pero hazlo.”

                                     

Salir de mi rutina, meterme en la suya.

 

Bendito beso en el cuello, bendita casualidad que se puso delante de mis ojos.

                             

Despacito, quiero respirar tu cuello despacito, deja que te diga cosas al oído                                                para que te acuerdes si no estás conmigo.

 

Lo segundo que me viene a la mente es a mí sonriendo como una tonta al ver que hubo respuesta.

Luego vinieron las conversaciones interminables, las que se estiran durante horas, días… Las propuestas que empiezan de broma y acaban en ganas y billetes de avión. Las citas por Skype que se transforman en un “tú y yo a las 17:00 en Sol”, en correr, literalmente, hacia él nada más verle.

   

I’ll be the one if you want me to.

 

En darle otro sentido a calles, en hacer de costumbre desayunar en cualquier bar o restaurante, en hacer de bocas de metro formas de decir “me quedo”, en acabar gritando “te quiero” al oído en la estación, a modo de respuesta.

Grabándolo en paredes de hotel, de espaldas al mundo, atándolo a su muñeca.

     

Me diste ganas de extrañarte sin ningún motivo.

 

Hemos borrado tantos kilómetros a diario que aún no sé a qué sabe la distancia ni sé en qué se mide, excepto en la cantidad de “te echo de menos” gritados a pleno pulmón (o corazón).

 

Somos estrellas ardiendo en la noche ni siquiera los astrónomos                                                                     sabían darnos nombre no nos alcanzan no nos conocen.

 

 

 

CAUSA Y EFECTO.

Las casualidades existen.

Estoy frente a una, sin medir distancias desde aquel ‘beso en el cuello’ que me incitó a romper todos los kilómetros con un ‘P.D: Hola’. A partir de ahí, su cuello es mi punto débil, mi forma sutil de dar las gracias, caminando con los labios, por esa huella convertida en mi tótem, en mi vía de escape, en mi suerte.

 

Necesito oír su risa como quien necesita una dosis de morfina para relajar el sistema nervioso.

 

Le quiero,

del verbo ‘mantener’,

no del ‘poseer’.

 

Y le quiero conmigo,

como una promesa de meñiques,

no de palabras.

 

(somos) ARTE.

Llamémoslo arte;

de la medianoche un baile a ciegas de incontables ciudades que pretenden pisarnos los pies, mientras el mundo duerme, mientras luchamos, a contracorriente, para no quedarnos dormidos.

 

Llamémoslo arte;

reducir los kilómetros a la longitud de una media sonrisa colgada de un par de hoyuelos.

 

Llamémoslo arte;

lirios naciendo de la mugre, de guerras abolidas por chinchetas atrincheradas en la boca del estómago, recorriendo todo el esófago hasta llegar a vomitar mariposas de oreja a oreja.

 

Llamémoslo arte;

historias pintadas con los dedos, jugar con el reloj quitándole las pilas, con el tiempo entre las manos y mis nudillos dentro de tus bolsillos en inviernos que gritan primaveras a los cuatro vientos.

Llamémoslo arte;

arte y no amor.

 

LOADING… 2017.

No hago balance de este año, hago balance sobre todo lo que he ido viviendo hasta ahora.
El 26 de junio, cuando cogí ese avión no me estaba despidiendo de los míos, ni de mi casa, sino de todas las etapas aglomeradas en mi cabeza y no cerradas por completo. Desde ese momento he aprendido muchas cosas y eso es lo que me llevo de este año.
He aprendido a mantener a los que realmente me rodean, a diario, a conocerlos, a dejarme conocer del todo.
A ser fuerte hasta cuando siento que quiero tirar la toalla. A no tirarla, porque sin sacrificio no hay beneficio.
A abrir más la mente.
A tender la mano, el hombro, la sonrisa, las gracias. A tener detalles que ensanchan el alma, tanto la mía como la del receptor.
A pelear por llegar a donde quiero estar, paso a paso, sin correr, porque las prisas no son buenas.
Que tener el bolsillo lleno no es lo que me hace feliz, sino poder emplearlo en lo que quiero a nivel profesional y a cultivarme aún más.

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Este año he aprendido a ser más persona, a ser más yo, a reír hasta que duela la mandíbula, a llorar de vez en cuando para coger oxígeno y seguir riendo con más fuerza.

ESLABÓN A ESLABÓN.

No abras mucho los cajones, no te hace falta mirar hacia atrás para saber hasta qué punto del camino has llegado. Empezar etapas es volver a aprender a andar y nadie dijo que los primeros pasos fueran fáciles. Pero aquí estás. No despidiendo el año, sino despidiéndote de una etapa de tu vida que te toca guardar con todas las demás. Ya la rememorarás entre risas y cervezas con los que te esperan con los brazos abiertos después de ésta.

Has conocido personas a las que estás aprendiendo a conocer, otras a las que prefieres no conocer. Has reído hasta llegar a tener agujetas en la cara y el rímel corrido de sonreír con los ojos. Has llorado lágrimas cargadas de emociones tan directas del corazón que han dolido y han alentado al mismo tiempo. Habrá días que volverás a llorar. Aun así, no olvides que eres fuerte, lo eres. Tú y yo sabemos que no es fácil anteponer la cabeza a los sentimientos, y aquí sigues, con una sonrisa diaria que mide lo mismo que de aquí a casa.

Lo bonito de alejarse por completo del mundo y acercarse más a uno mismo pocos tienen el privilegio de vivirlo.

Aprender que viajar realmente es ensanchar el alma.

Aprender a que no basta con soñar solamente, que hay que dar un paso tras otro para darle vida a lo que te la da a ti. Aprender que los sacrificios son necesarios para saber hasta dónde puedes llegar por lo que te hará feliz después de ellos.

Porque, como bien dice en la canción de abajo: ‘De según cómo se mire, todo depende’

CONSECUENCIAS DE SER TROTAMUNDOS.

Estoy intentando encontrarme del todo, estar totalmente en armonía conmigo siendo tan libre como ahora. Porque esta sensación de libertad nunca la había experimentado a lo largo de mis casi veintitrés años, y he de decir que es jodidamente adictiva e inconmensurable.

Esas ganas de comerse el mundo, de saber que lo vas haciendo paso a paso hasta conseguir llegar, no muy alto, ni muy lejos, sólo al punto donde te sientes vivo al cien por cien.

 

Como dice en un mensaje de una de mis películas favoritas:

“I’ve decided I’m going to live this life for some time to come.

This freedom and simple beauty is just too good to pass up.”

 

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-INTO THE WILD-

EN VENA. SIN SALVAVIDAS.

Con los nervios a flor de piel, los pulmones sobre la mesa.

Siente de más porque no sabe reducir los decibelios que se oyen desde la caja torácica.

Echa de menos, porque si echa de más
se quema.

El vendaval que hace bailar pestañas, no corazones.

Un alma libre que no se amarra a ningún puerto, que no ve ningún muelle que le provoque echar el ancla y pisar tierra.

 

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Más heroína en vena que salvavidas.

MONSTRUOS.

Soy yo. Quizá después de tanto tiempo no me recuerdes… o no quieras hacerlo. Yo a ti sí. Recuerdo con cada fibra lo que nadie ha visto de ti, o mejor dicho, lo que no han vivido contigo. Recuerdo cómo fuiste menguando paulatinamente, cómo algo dentro de ti se iba rompiendo poco a poco hasta el punto de envolverlo en un todo. Cómo no sólo silenciabas las palabras, sino también la sonrisa. Fue duro ver que a medida que aumentaban tus silencios, aumentaban tus gritos de socorro sin tener el valor de gritarlos a viva voz.

Recuerdo tantas cosas de ti… Aquellos nudos en el estómago enredados en hambre, miedo… y en un vacío que a día de hoy perdura a ratos.

Aquel día, joder. El día que vi en tus ojos el inicio de tu hundimiento, ese momento en el que tocaste fondo sin darte cuenta y no saliste hasta mucho tiempo después. Mucho tiempo.

Lo recuerdo todo. Los arrebatos en la calle, huyendo con lo puesto, sin alternativas, sin vías de escape. Pasando la noche en cualquier portal lejano al tuyo. Los arañazos en el folio con la punta del lápiz, los arañazos en la muñeca izquierda, las marcas de esos años en esa muñeca. La falta de oxígeno en los pulmones, de lágrimas en las retinas. De carencias. Pongamos el corazón en la mesa.

Pocos saben lo que es crecer de golpe cuando aún no es edad para ello. Lo que es creer en una persona, en ‘esa’ persona, una y otra, y otra vez. Creer en que te tenderá la mano cuando en realidad te tira al suelo con las dos siempre que el mundo le da la espalda.

He venido de visita. A recordarte aquellos momentos en los que estuve contigo, momentos que sé que muchos de los que te rodean desconocen. Sólo yo estuve cuando no tenías a nadie, cuando te temblaban las piernas al oír la llave en la puerta, cuando te paralizaba el miedo frente a él, cuando dejaste de hablar, de sentir, de ser. Nadie te conoció tocando fondo. Tocando fondo de verdad. Rozando el desequilibrio, la enfermedad mental (emocional, más bien).

He venido a recordarte por encima lo que viviste, lo que fuiste. Con heridas de batallas, muchas batallas internas, y externas.

A recordarte que eres una superviviente,

una pequeña salvavidas.

 

Vive, yo vuelvo al baúl de objetos perdidos.

 

 

Fdo: Tu pasado.